Mi fin de semana en Dresde


Si algo he aprendido después de viajar por casi 50 países, es que siempre parece haber una buena razón para quedarse en casa. Para hacerle frente a esta tendencia irremediable, mi mejor estrategia es la improvisación (y a veces la falta de razón).

El viernes pasado, a eso de las 9pm, inventamos en dos minutos esta salida inesperada. Enseguida buscamos boletos, miramos precios de hostales, y a las 9h05 ya teníamos un viaje organizado, no rigurosamente sino impulsivamente.

Aquí les comparto algunos momentos de este fin de semana visceral en Dresde, al este de Alemania, muy cerca de la frontera con la República Checa. Esta ciudad, como buena parte del país, fue arrrasada durante los bombardeos de los aliados en la Segunda Guerra Mundial. Luego quedó en manos soviéticas hasta la caída del muro de Berlín y la reunificación de Alemania en 1989. Su restauración fue larga y costosa, y hoy se exhibe con esplendor y elegancia, como en sus días mejores. Entre la decena de urbes alemanas que he tenido la fortuna de visitar, me atrevería a decir que esta es la más bella de todas.

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