¡Feliz día, papá!


Madre,

Por hoy, te pido permiso para dedicar estas líneas no a ti, como siempre acostumbramos, sino a mi papá. Sé que estarás de acuerdo.

Feliz día, viejo amado. Hoy te extraño un montón. Y lamento los domingos que pudimos compartir y no lo hicimos, tanto tiempo que perdimos. Y tal vez lo seguimos perdiendo. No, ya no es así porque cada vez que me llamas siento que en la mano no tienes el teléfono sino el corazón, y que nos hablamos desde adentro, desde el fondo de los sentimientos, con la nostalgia a flor de piel, como si cada palabra que nos dijéramos significara Te amo papá, Te amo hijo. Y nos reímos de cualquier cosa. Y es que ahora, en la distancia, me pareces más gracioso que nunca. Me pareces más sabio y más inteligente, más comprensivo, mejor oyente, mejor consejero. Seguro siempre lo fuiste y solo ahora vengo a darme cuenta.

Me han pasado tantas cosas en estos días que no sé siquiera si algún día te las pueda contar, no sé si me las creerías, no sé si estarías de acuerdo. De modo que, sin entrar en los detalles, quiero que sepas que estoy bien, feliz, sorprendido. París me fascina y me trata bien, ella siempre lo hace y más ahora que el verano está llegando. Los días son hermosos y largos, amanece muy temprano y hay luz hasta bien pasadas las nueve de la noche. A ti te asombraría ver días tan largos. Te parecería extraordinario porque tú eres de fácil sorpresa, como yo, en eso nos parecemos mucho: hasta las cosas más pequeñas nos crean una admiración pasmosa, y soltamos exclamaciones y miramos, y comentamos. Por eso pienso que a ti te gustaría mucho París. Te divertiría ver gente de tantas nacionalidades en el Metro. No te cansarías de husmear las conversaciones ajenas en idiomas imposibles, y te reirías diciendo cosas de los chinos o de los árabes, en voz alta y sin cuidado, consciente de que son incapaces de entenderte. Yo voy por ahí caminando y me acuerdo de ti, y me río solo, porque me imagino las cosas que dirías y como ya escribí antes, ahora me pareces chistosísimo.

Te gustaría ver la Torre Eiffel, y a mí me encantaría pasear contigo por allí, por los Champs de Mars, que visitáramos el Louvre, mostrarte la Victoria de Samotracia, y que subiéramos a Montmartre para ver a los artistas de la Place de Tertre, y para que vieras toda la ciudad desde el Sacre Coeur, y luego te llevaría a los Campos Elíseos, y subiríamos el Arco del Triunfo, y después vendríamos aquí, a mi barrio, para que conocieras dónde vivo, en este séptimo piso sin ascensor, y te reirías de ver mi studette, y mis libros tirados por todos lados, y mis zapatos amontonados, y los platos sin lavar y la nevera a reventar, y no porque tenga mucha comida sino porque es tan pequeña que no me cabe ni una botella de vino. Pero aquí soy feliz, aquí disfruto las horas de silencio picoteando las 27 letras del alfabeto contra mis páginas en blanco, cazando musas, volando a los mundos de ficción que me imagino y que termino creyendo que existen, y me encantan, y que leo y releo como mi único lector. Quizá a ti te gustarían algunas de mis historias.

Viejo, gracias por tu sacrificio, por tu trabajo, por tu bolsa de comida y los caramelos de todos los días. Eso nunca faltó: el mercado diario y el paquetico de Bolibomba. Y qué más hacía falta en ese tiempo. Siempre estuviste, a veces con mal genio, equivocándote con frecuencia, eso también es cierto porque tampoco nos vamos a idealizar a estas alturas, pero estuviste, y eso nos ha hecho algo a todos, a Jean, a Elvis y a mí. Nunca seremos lo suficientemente agradecidos, tal vez porque nunca llegaremos a comprender el tamaño de lo que has hecho por nosotros.

Si hoy estuvieras aquí, terminaríamos el día sentados en algún café del boulevard Saint-Germain, tomándonos un Bordeaux y entonces te pediría que me contaras de nuevo tus historias de cuando te jubilabas de la escuela para irte a bañar en una quebrada escondida, de cuando ordeñabas vacas en tu pueblo perdido y te quedabas dormido agarrado de las ubres, de cuando estuviste en el ejército tras caída de la dictadura, de cuando enamoraste a mi mamá cantándole boleros a través de la pared que los separaba como vecinos, y entonces desafinabas diciendo “Te furo que te amo” cuando la canción dice “Te juro que te amo”, pero aún así la conquistaste, carajo. Y es que yo te imagino guapo en ese tiempo aunque sé que no lo eras. Se piensan tantas cosas en días como estos.

Con mi papá y mi hermano Elvis, en la Quebrada Pacheco, en La Gran Sabana

Con mi papá y mi hermano Elvis, en la Quebrada Pacheco, en La Gran Sabana

Te amo mucho, te deseo un día inolvidable, que disfrutes con las nietas lo que no disfrutaste con nosotros, y que ya camines un poquito más lento cuando salgas, mira que hay muchos carros locos en Caracas y a ti no te gusta mirar a los lados cuando cruzas las calles.
Te mando un beso gigante, que se bebe el Atlántico y llega hasta el pedacito de suelo donde hoy celebras en familia. Espero verte pronto.

Johan

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4 comentarios en “¡Feliz día, papá!

  1. Johan… que hermoso encontrarte que ni sé cómo, pero encantada por ello, y es que fue tan interesante lo que te leí, que desee saber más sobre ti y tu quiendijolejos.com… ah pues y ahora fan de tu blog y decirte que los venezolanos somos una raza bendecida por Dios porque leer, escribir, aprender, compartir vivencias y crecer como seres humanos es parte de nuestra esencia… acabo de leer tu ¡Feliz día, Papá! casi tres años después de publicado y encontré en muchas pinceladas a mi papá ya ido sin regreso… hermoso!!

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  2. Johan, hoy recién te conocí en una entrevista en la DW con motivo del triunfo de Macrom, de inmediato me dije, ese chamo tiene que ser venezolano y admirándote desde la entrevista con ese orgullo de saberte parte de esa estirpe de jovenes emprendedores, bellos y talentosos comencé a indagar de tí, en las famosas redes sociales que tenemos a la mano, alli te vi viajar, disfrutar apasionadamente tu profesión y luego enviarle esta emotiva carta a tu papi, con la que culminas mi percepción de que además eres bien formado y bueno. Recibe mi reconocimiento y certeza de que seré parte de tus seguidores. Que Dios te bendiga, te lo digo como madre y abuela que desde nuestra lucha por lograr una mejor Venezuela, apiesta a gente como tu. Ojalá tu talento y experiencia sirvan de mucho y pronto, a nuestra futura nación de prosperidad y paz

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