Noche de lluvia en París


Anoche, a la salida del Louvre, el cielo se desgajó en un aguacero diluviano como no había visto nunca en París. Sin nada con qué protegerme, quedé empapado al correr el breve lapso que separa la Pirámide del museo de las arcadas que conducen a la rue de Rivolí. Y allí, preso del temporal, me senté a contemplar el agua que caía ineluctable. Entonces saqué mi cámara y entre los ventarrones que enloquecían a las gotas llevándolas en todas direcciones disparé varias veces. El resultado no es nada extraordinario, pero es que no son las fotos mismas lo que me interesa esta vez, sino dejar evidencia de aquella noche fría y silenciosa que vino a confirmar lo que he pensado desde que viví la primera llovizna en esta ciudad de mil encantos: París, aún cuando llueve y no tienes paraguas, es una fascinante poesía.

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