Me voy de nuevo


Mamá,

¡Feliz navidad! ¡Y feliz cumpleañooooos! ¡Qué cosas! Ahora que yo estoy en Caracas eres tú la que andas de viaje. Deberías escribirme una cartica por ahí para saber de tus andanzas. Ya me contarás cuando regreses…

Bueno, además de saludarte y desearte felicidad y bendiciones, madrecita querida, te escribo con mucha emoción y ya, conociéndome como me conoces, sabrás cuál es la razón: otro viaje: sí, me voy de nuevo. Y esta vez, más que nunca, ando ilusionado cual muchachito que espera al Niño Jesús. Y es que desde ya me hormiguean los pies por partir, se me acelera el corazón cuando lo pienso, vuela mi cabeza impaciente, y me regocijo al recordar que después de todo, cuando haya vuelto, habré de sentarme a escribir toda la historia para una extraordinaria revista. De modo que también me pican las manos: ¡ya quiero comenzar a teclear esa crónica!

Te preguntarás “¿Por qué tanto alboroto, hijo?” ¡Ay, vieja! Será el viaje de los viajes: ¡me voy a escalar el Auyantepui! Es un sueño que he tenido desde hace varios años, esas experiencias que algunos imaginamos de niños: andar en medio de la naturaleza, como exploradores, descubriendo un millar de maravillas, viendo lo que no muchos han visto, viviendo al máximo una empresa difícil de creer. Y ahora, allí está ese sueño pendiente, a la vuelta de la esquina a punto de materializarse.

Te cuento el itinerario: el 19 de enero saldré hacia Ciudad Bolívar, al sur de Venezuela. Allí espero pasar el fin de semana recorriendo la ciudad, descansando tranquilo y comiendo bien, para volar a Canaima el lunes 21 a primera hora. Ese mismo día comenzará un trekking bien exigente que durará doce días (sólo el noveno —29 de enero— será para descansar). De resto, se prevén jornadas de ocho horas de caminata y escalada (no técnica) para ascender hasta la cima del tepui.

Pero esa será apenas la mitad del viaje, pues una vez hayamos hecho cumbre —¡cosa que ya será una gran satisfacción!—, atravesaremos toda la meseta de un extremo a otro, pernoctando en campamentos provisionales en el camino, para llegar hasta el nacimiento del mismísimo Salto Ángel, la caída de agua más alta del mundo (¡casi un kilómetro de altura!), comparada en su relevancia geográfica con las Cataratas del Niágara en Norteamérica o las Cataratas Victoria en África.

Hace cinco años tuve la fortuna de ver este espectáculo natural desde la ventanilla de una avioneta, le dimos dos vueltas al tepui y observé aquel torrente gigantesco tras el vidrio, sentado tranquilamente en mi butaca con el cinturón de seguridad bien abrochado. Esta vez, sin embargo, todo será diferente, y para llegar al borde de la montaña y ver el Salto Ángel desde arriba, desde su cabecera, tendré que andar ocho días sin descanso remontando el tepui.

Paréntesis: ya sabes que los tepuis son estas montañas típicas de La Gran Sabana venezolana, antiquísimas mesetas que alguna vez hicieron parte del mismo súper continente de África, y que hoy conforman las tierras más antiguas del planeta. La cima es absolutamente plana, misteriosa, y en algunos casos inhóspita e hipnótica. Ya sabes también que entre otros célebres tepuyes está el Roraima —¡que ya he subido dos veces!—, el mismo que inspiró a Sir Arthur Conan Doyle a escribir el clásico de la literatura The Lost World (El Mundo Perdido).

Recientemente, y en otra faceta del arte, este Auyantepui que ahora subiremos inspiró a algunos creadores de Hollywood para desarrollar la película animada Up, que narra la historia de un anciano vendedor de globos que, tras la muerte de su esposa, decide por fin dejarlo todo para ir tras una fantasía de la infancia: viajar hasta este majestuoso tepui.

Pues Carl, el personaje de Up, amarra un centenar de globos a su casa de madera y alza vuelo con todas sus cosas en busca de su sueño. En el camino, por supuesto, se desarrolla la trama llena de mil aventuras.

Yo, honestamente, no ando buscando una aventura, sino un descubrimiento personal, una revelación en forma de paisaje, una historia fascinante que contar. Por fortuna, tal parece que no necesitaré llegar a la edad del pobre Carl, ni pasar por sus vicisitudes, para ir tras esta ilusión casi infantil.

Igual te digo, madre querida, que sin dramatismos estoy consciente de lo que me espera —¡para que nadie diga que este trabajo es un jamón!—: días de mucha exigencia física, de comer lo básico y siempre en raciones de campaña, unos cuantos litros de sudor, una colección de picadas de mosquitos, sol y calor durante el día, viento y frío de noche, labios cuarteados, seguramente alguna ampolla y un par de uñas moradas en los pies. Pero de qué serviría quedarse pensando sólo en lo difícil cuando el reto también ofrece, en la otra mano, días inmaculados bajo el cielo límpido de la sabana infinita, horizontes llenos de verde y aire puro, amaneceres que renuevan la esperanza, puestas de sol que reivindican al mundo, fotografías que marcarán para siempre mis ojos, mis ideas, mi imaginario, inspiración infalible para las horas futuras de silencio ante el glaciar de la página en blanco. Y por encima de todo, nos aguarda la recompensa de la prueba superada, el deleite inexplicable de haber conquistado una meta, de haber vencido los límites físicos, mentales y emocionales: de haber ido más allá de lo que antes pensábamos que era nuestro techo.

Como ya te dije en alguna carta previa, acá tampoco veo peligros inesperados. Estaremos haciendo trekking de montaña, que ni siquiera es un deporte extremo en sí mismo. El riesgo, cuando lo hay, es controlado. Así que no te preocupes, y más bien alégrate, pues sin duda tendrás un hijo diez veces más feliz y luminoso una vez que haya hecho realidad esta quimera. Por el contrario, preocúpate el día que me ofrezcan un viaje como este y yo, cruzado de brazos y asido a la monotonía, a la comodidad o al temor, prefiera quedarme ejerciendo un oficio de sillón. Ese día, que espero no llegue jamás, considérame tristemente disecado. Pero ahora, vivo como estoy, asumo con responsabilidad el tiempo y las oportunidades que se me confían, y decido una vez más ir tras mis sueños, perseguir hasta el filo mismo del Salto Ángel la promesa de una historia que muy pocos han contado, memorias indelebles que con los años no harán sino engrandecerse, pero que por lo pronto derivarán en crónica periodística, y quizá luego, tras mucha disciplina y con la complicidad de las musas, terminen convertidas en cuento o novela. Pero sea cual sea el género o la forma, después de todo viaje volveré a mis cuatro paredes para encarar, a puerta cerrada, al mayor de los compromisos: la página y sus letras; y como siempre allí me verás, con rigor y misticismo, convencido —¡y sobre todo esperanzado!— de que esta vez podré escribir tal historia mejor que cualquier otra persona. Si no lo creyera ciegamente, ¿qué sentido tendría tanto sacrificio?

Comenzamos, pues, una nueva cuenta regresiva.

Te amo mucho,

Johan

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2 comentarios en “Me voy de nuevo

  1. Hola Johan, te saluda por acá Nathalia Deffitt. Quiero expresarte a gritos esto ¡FELICIDADEEEEEEEEEEEEEEEEEES! Me alegra que existan hombres como tú, venezolanos amantes de su país y del mundo y no tanto eso, de lo más importante… EL AMOR A TU FAMILIA ❤ Dios te bendiga hoy, mañana y siempre. Hace unos minutos leí varias de tus cartas, quede anonadada con tan hermosas expresiones, tantas ilusiones y sueños. Me recuerdas mucho lo viva que suelo ser a pesar de vivir aquí, y con aquí me refiero a la Venezuela de AHORA. A pesar de mi corta edad, (22 años recién cumplidos) he logrado cosas de las que me siento realmente orgullosa y de lo que he vivido. El año pasado logre un objetivo convertirme en Abogada y me encuentro a la espera de mi título (17 de Marzo de 2017) ya no falta casi nada “me muero de emoción jaja –disculpa por contarte estas cosas -”, me ha tocado crecer en muchos aspectos pero me siento triunfadora de poder conseguir personas que sin conocerlas te alientan a ser mejor cada día y sobre todo a tener perseverancia, a luchar por lo que queremos sin pisotear a nadie, gracias por despertar tantas cosas bellas en esta niña. Por cierto hubo algo que me marco y creo que lo pondré en todas mis redes sociales jaja “preocúpate el día que me ofrezcan un viaje como este y yo, cruzado de brazos y asido a la monotonía, a la comodidad o al temor, prefiera quedarme ejerciendo un oficio de sillón. Ese día, que espero no llegue jamás, considérame tristemente disecado”.

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    1. Qué maravilla, Nathalia!!! Tu comentario es una maravilla! Por eso me apasiona escribir, porque solo usando puntos y letras uno puede tocar la sensibilidad de otros, lejos, cerca, sin conocerlos, viniendo cada uno de un contexto diferente! La escritura es un milagro!!! Sigue soñando, “niña”, a pesar de vivir allí… y sobre todo, ojalá tengas el coraje de ir detras de todos esos sueños, que seguramente deben ser hermosos! Te mando un beso y mucho ánimo!!! Me encantó conocerte a través de este pedacito de milagro!

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