Paseo con Michael Jackson


Madre,

Sigo metido en la favela Santa Marta en Río de Janeiro. Cada vez me siento más cautivado por esta confusión de calles y gente, de niños que corren como gatos por las escaleras y mujeres que salen en ropa interior a colgar las sábanas recién lavadas en las azoteas.

Mi última visita fue en compañía de Gilson, que nació y creció en este lugar. Es súper pana, tiene 36 años pero aparenta 24, y ya ha regado seis muchachos por algunas veredas del barrio. Caminar con él por la favela es detenerse cada tres pasos porque alguien lo saluda desde el interior de alguna casa, algún muchacho se atraviesa para dejarle un recado pendiente de su madre, o él mismo hace una pausa para bromear con la partida de hombres que se reúnen en cualquier descanso en torno a un par de cervezas.

Con dedicación me explicó los detalles de la comunidad, los modos de organización, la forma en que antes funcionaba el narcotráfico y cómo ahora el sitio se ha transformado en un lugar de paz y vida. Desde el gobierno de la ciudad han facilitado a un traductor, Guillermo, un argentino que con igual minuciosidad va interpretando lo que Gilson me cuenta para que yo no pierda una palabra.

Por allá nos paramos de pronto en algún rellano a mitad de las escaleras y ante nosotros se abrió el panorama amplio de la ciudad, a lo lejos la Bahía de Guanabara, más cerca la Laguna Rodrigo de Freitas, a un costado el cementerio de Botafogo, hacia el otro extremo el Pan de Azúcar y su bondinho, y aquí, casi pegado a los ojos, el Cristo de Corcovado. Pero algo allí, en esa suerte de mirador, rompía con la naturalidad del contexto: Michael Jackson. Sí, primero hay un mural con su rostro, todo colorido y hecho con mosaicos, y luego, a cinco metros, una escultura de bronce que lo retrata erguido, con la franela rota en el pecho, y los brazos extendidos: su típica pose. Resulta ser que en 1997, cuando aún la favela era un nido de malandros, el Rey del Pop vino aquí a grabar el vídeo clip de su canción They don’t care about us. Aquello marcó el acontecer de los vecinos, y desde entonces el barrio comenzó a transformarse. A las semanas de la grabación, algunas celebridades brasileñas —tal parece que a todas las cortan con el mismo molde en el continente— también se acercaron al sitio, pues querían estar en la moda, figurar, ver lo que Michael Jackson vio. Con los años, visitar Santa Marta se hizo popular, algunas inversiones se concretaron, y hace cuatro años el gobierno dio el paso definitivo hacia la intervención policial y la pacificación de la zona. Entonces hasta Madonna fue al morro hace un par de años. También allí se grabaron escenas de la peli Rápido y Furioso 5, y de Tropa de Élite. Aquí te dejo el link del vídeo para que lo veas, es súper bueno.

 

 

Después, hacia el final del recorrido, conversé con varios vecinos, y entre ellos Diva, que con cara de hombre y barba de dos días, pero con el cuerpo espléndido de una mujer de 25 años, atiende su propia peluquería donde corta el cabello por diez reales, unos cinco dólares.

El almuerzo fue en una de las salidas del barrio, donde Salete preparó un delicioso Baião de dois, que acompañé con una cerveza helada, siempre bajo esta lluvia pertinaz que se empeña con opacar todas mis fotos.

Te mando otro beso, madre mía, y te adelanto que si el tiempo mejora en los próximos días me aventuraré a volar en Ala Delta, algo así como Ícaro. Es mi trabajo má, ¡“tengo” que hacerlo!

Aquí te dejo una foto de Michael en la favela!

Te amo desde este Río que cada día me enamora más,

Jo

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