En París con Ionesco


Interior del Teatro de La Huchette, con capacidad para casi cien personas

Más allá de los extraordinarios monumentos, cada noche un evento atrae la atención de un centenar de hombres y mujeres que anda por las calles de París. Tiene ya 55 años presentándose de forma ininterrumpida en una sala minúscula ubicada en el corazón del barrio Latino. No guarda relación alguna con la Torre Eiffel o el Arco del Triunfo, ni con los restaurantes refinados ni los museos de maravilla. Se trata, en cambio, de dos piezas de teatro ilógicas, agudas y sutilmente mordaces, obras del célebre Ionesco que medio siglo después sigue haciendo reír con el guión de la inteligencia; y si visitas la Ciudad Luz por estos días, anótalo de una vez en tu itinerario personal. Aquí la historia…

Corría la primavera de 1950, París vivía tiempos de cambios, la postguerra, la reconstrucción en proceso, la comprensión de un mundo absurdo que parecía haber perdido el sentido, donde la especie humana se destruía sin control, donde un genocidio insólito había tenido lugar ante los ojos del planeta incapaz de detenerlo. La cultura, como siempre, era un reflejo, una interpretación y una respuesta a su momento histórico.

De entre el montón de jóvenes escritores de la época, había uno de nombre muy particular, casi risible: Eugène Ionesco. Este, en algún asalto de inspiración, había escrito un par de ejercicios para “consumo personal”, experimentos de teatro, pero nada que valiera la pena, según él mismo dijera. No obstante, algún amigo encontró los manuscritos y quedó fascinado por su humor fino, tanto que se empeñó en llevarlos al escenario. Pero el propio Ionesco se opuso, aquello no era teatro, al contrario, él mismo no reparaba en calificarlo como el “antiteatro”: eso era una “antipieza” y no merecía la pena ejecutarla. Pero algunos compañeros insistieron tanto que terminaron por convencerlo de llevarla a la escena.

El lugar elegido fue la antigua sala del Noctambules, sobre la calle Champollion. En medio de los ensayos, cuando la obra no tenía ni siquiera un nombre definido, uno de los actores cometió una afortunada equivocación cuando repetía su guión, y en la línea que decía “…aquel que había tenido por mujer a una instructora rubia…”, dijo: “…aquel que había tenido por mujer a una cantante calva…” (la pronunciación del texto en francés es similar). Ionesco, que se encontraba presente, dio un salto en su silla: había encontrado el título perfecto para la obra: La Cantante Calva.

Sin embargo, una vez estrenada la pieza, el público no llegó a la sala. Incluso los propios actores y trabajadores del teatro de Noctambules salían cada mediodía con carteles en la espalda para promocionar el espectáculo, pero los espectadores seguían sin aparecer. En honor a la verdad, el montaje era bastante pobre, sin escenografía y con el vestuario prestado de un amigo cineasta. Tras algunas funciones estériles, fue cancelado y lanzado al olvido.

Al año siguiente, otro amigo de Ionesco, Marcel Cuvelier, decide montar la segunda obra del escritor: La Lección. Entonces apartan la sala del Teatro de Poche para hacer algunas presentaciones, pero la crítica apenas si la recibe con mejor agrado que el anterior experimento. Con una taquilla que no alcanzaba ni para pagar los gastos de iluminación, la pieza sale de cartelera sin gloria. El llamado “teatro del absurdo” escrito por Ionesco no era apreciado, quizá por estar muy avanzado, o quizá por ser muy retrógrado.

Pero en 1957, pasados algunos años, los amigos del escritor vuelven a la carga creyendo en la relevancia de sus creaciones. Se anuncia en cartelera la presentación de ambas obras, La Cantante Calva y La Lección por el lapso de algunas semanas. Sucede entonces algo inédito: el público, como atraído por alguna hipnosis, y muy al contrario de las veces anteriores, plena la capacidad del pequeño Teatro de La Huchette, ubicado en el corazón del barrio latino de París. Poco a poco se comienza a hablar del espectáculo por toda la ciudad, más y más gente se interesa en asistir, y la temporada se extiende unas semanas más. De pronto aparecen algunas personalidades, hasta que paulatinamente las caras más célebres de París se dan cita en el lugar. Ver alguna de las obras se convirtió en una forma de mostrarse socialmente. Tres meses, seis meses: las presentaciones se alargan por un año. El éxito no tiene barrera, Ionesco es un genio del humor más sutil y complejo, y el sello del “teatro del absurdo” se establece casi como su segundo apellido.

Hoy, han pasado 55 años desde que ambas creaciones se ejecutaron por primera vez en el ya renombrado Teatro de La Huchette. Desde entonces se han presentado allí cada noche, sin falta, marcando de esta forma un récord mundial sin precedentes certificado con una inscripción en el libro Guiness. Pero ahora, al contrario de hace cinco décadas, faltan puestos para ver el espectáculo pues la salita, de apenas noventa plazas, es frecuentemente desbordada por la cantidad de espectadores que a diario se sigue dando cita.

De modo que medio siglo después La Lección continúa tan enredada e hilarante como siempre, mientras La Cantante Calva ―¡según lo dice el propio slogan del teatro!― se sigue peinando de la misma manera.

 

Tras una noche en el teatro para ver las dos piezas de Ionesco, más una tercera obra titulada Napoleon au Rapport, tuve la ocasión de conversar con Monsieur Jean-Noёl Hazemann, director de La Huchette de París. A continuación algunos pasajes de nuestro encuentro:

―¿Cómo explicaría usted que este Teatro, con dos piezas de un mismo autor, ha tenido un éxito rotundo durante 55 años?

―Por una parte, el guión de Ionesco es extraordinario. Por otra, este teatro siempre ha tenido gran mística y nos esforzamos porque el trabajo de los actores sea impecable. Ellos lo hacen muy bien, apegados fielmente al guión original. Lo mismo ocurre con la escenografía y el vestuario.

 

―¿Por qué cree usted que a la gente de nuestro tiempo le sigue gustando el teatro del absurdo de Ionesco?

―Yo le devolvería la pregunta: usted vino a ver la obra… ¿le gustó?

 

―¡Por supuesto!

―¡Bien! Entonces le pregunto: ¿por qué a usted, un joven de este tiempo, le sigue gustando Ionesco? Porque nos sigue hablando, sigue mostrando nuestros propios retratos, porque el humor inteligente no se vence.

 

―Para los actores, y para usted mismo, ¿no resulta agotador tener siempre las mismas obras en cartelera?

―Para evitarlo tenemos un grupo de más o menos cinco actores por cada personaje, de manera que cada quince días los vamos rotando para que descansen, y así la obra se mantiene fresca. Entonces, cuando se reemplazan, ellos se reúnen y conversan sobre cualquier novedad con cada interpretación, alguna improvisación justa que puedan imitar, etcétera.

 

―¿Quiénes son los espectadores de La Huchette? ¿Franceses o turistas?

―Hay de todo. En Francia estudiamos a Ionesco en la escuela, de modo que muchos colegios traen a sus alumnos a ver las piezas una vez al año. Por esa razón tenemos bastantes estudiantes franceses. Igual hay muchos parisinos que tienen la costumbre de venir. Pero también hay un buen número de extranjeros que durante el día visita la Torre Eiffel, el Arco del Triunfo, los Campos Elíseos, pero que en la noche viene aquí porque ya La Huchette es también un atractivo turístico. Normalmente no son francófonos, pero sí gente que entiende francés o que lo habla a un nivel básico.

 

―Aparte de Ionesco, ¿tienen alguna otra pieza en cartelera?

―Todos los días presentamos a las 7pm La Cantante Calva y a las 8 La Lección. A las 9 tenemos siempre un tercer espectáculo, normalmente algo muy contemporáneo.

 

Mesdames et messieurs

Como parte de la tradición de La Huchette, antes del comienzo de cada espectáculo un hombre se asoma tras bastidores, da las buenas noches al público, y anuncia solemnemente cuántas veces se ha puesto en escena la obra que están por disfrutar. En nuestro caso, vimos la presentación número 17.329.

Para mayor información puede visitar http://www.theatre-huchette.com

El Teatro se encuentra en el 23 de la rue de La Huchette, 75005 PARIS, en el Barrio Latino. Para reservas puede comunicarse al +33 (0)1 43 26 38 99, o al Fax +33 (0) 1 40 51 75 34.

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