Sobre viajes y literatura


Querida madre,

Anoche, unas horas antes de partir al aeropuerto para comenzar este viaje que habrá de llevarme por Perú y Brasil, participé de un encuentro fantástico en el que tres periodistas y algunos invitados hablamos sobre mis dos pasiones irrenunciables: los viajes y la literatura. El evento lo organizaron @queleer junto con Rodnie Casares (@rodcasares) y @ElLibroDelDia en la librería Alejandría II del Paseo Las Mercedes. Fue bueno saber que no soy el único loco que anda por ahí recorriendo el mundo con un libro bajo el brazo, o con una libreta vacía para cazar historias como quien atrapa mariposas. Las dos periodistas con las que compartí fueron Adriana Herrera (@viajaelmundo) y Arianna Arteaga (@arianuchis). Los tres, no por casualidad, teníamos un viaje previsto para hoy en la mañana. Y los tres, tampoco por pura coincidencia, tenemos un montón de libros entre nuestros oasis preferidos. Tertuliamos sin prisas yendo desde la novela que Adriana se llevó a Los Roques y no leyó, hasta los 200$ que alguna vez Arianna pagó en sobrepeso de libros desde Argentina, y mi lectura de iniciación de La vuelta al mundo en 80 días. ¿Qué si ha habido libros que nos motivan a viajar?, preguntó Melissa de @queleer. Adriana habló de Oriente empieza en El Cairo, Arianna confesó ser más inspirada por los libros de fotografías, y yo no podía dejar de nombrar a Miguel Strogoff, una obra a la que le rindo culto y que sembró en mí el deseo de conocer Rusia y escribir como los dioses.

Luego nos sumergimos en las prácticas de nuestro oficio fascinante, en los ojos con que miramos cada destino: los del turista, los del cronista, los del bloguero. Yo soy un periodista de viajes, y ahora que esté en Lima no podré mirar la ciudad de otro modo, buscando los detalles urbanos que puedan interesar al lector, viendo lo que hay detrás de lo evidente, apuntando los datos de cada calle, del monumento tal, del restaurante X donde venden un tiradito imperdible. Y ese fue otro tema que tocamos: si tomamos notas o no durante nuestras salidas. Adriana dijo que sí, que siempre anda con su libreta y su lápiz, que combinado con sus lentes cuadrados la harán ver como la típica periodista. Arianna, en cambio, escribe sobre todo en sus viajes de montaña, en las expediciones en que vale tener en cuenta las distancias, los tiempos de caminata, las horas de partida de los campamentos. Yo, ya sabes tú, madre mía, cuánto disfruto la escritura. Yo escribo todo, las sensaciones, las reflexiones secretas, la conversación espontánea con algún extraño de turno, y luego todo lo releo a la hora de hacer mis crónicas, y todo lo revivo, lo recuerdo a full color, a todo volumen, como si viajara de nuevo a través de aquel papel garabateado. Y es que, a fin de cuentas, creo que es ése el mayor mérito de cualquier periodista que, como nosotros, se arriesgue a hacer del viaje su fuente, su género, su oficio. Es decir, es nuestra responsabilidad, nuestra obligación inexcusable, llevar al lector, al conocido y al lejano, a través de un viaje repentino de unos cuantos miles de caracteres. Detener el tiempo del que lee, convertir su silla en un avión, hacer de una hoja con letras una ventana con vista al mar, transformar el silencio de una oficina cerrada en el estruendo de una catarata que hubiéramos visto, y tornar a un foco de neón en entrañable atardecer; aquel es un logro monumental que uno halla entre las páginas de Julio Verne y sus viajes extraordinarios, entre el vaivén de Florentino Ariza y Fermina Daza en las navegaciones por los ríos de Colombia en El amor en los tiempos del cólera, en algunos tramos de La ciudad de las bestias de Isabel Allende, en El camino del dorado de Úslar Pietri, y hasta en obras mucho más contemporáneas y quizá comerciales como las aventuras de Robert Landong por Europa en El Código da Vinci y en Ángeles y Demonios de Dan Brown, o los textos mil veces traducidos de Paulo Coelho. Y nosotros, imberbes ante aquellos gigantes, no podemos sino soñar con rasguñar el tamaño de sus talentos. Por eso, decíamos también, nuestra mayor alegría, como un Pulitzer pequeñito, es ser dignos de una lectura, así sea descuidada, en medio de este océano infinito de informaciones en línea. Que alguien entre a nuestros blogs, que alguien se detenga ante una nota publicada en alguna revista, que alguien lea, ¡más aún!, que alguien comente una de nuestras historias, nos hace brincar sobre el asiento y nos impulsa a seguir escribiendo, a seguir viajando para contar lo que vemos y cómo lo vemos, para intentar rozar, cada vez con más o menos tino, la virtud de quienes pueden hacer que otros viajen al ritmo de las letras.

Bueno madre, te dejo por ahora, estas reflexiones de trasnochado son culpa de tener un vuelo que sale a las cinco de la mañana.

La próxima vez, si el avión se porta como debe, te escribiré desde Perú.

Un beso,

Johan

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2 comentarios en “Sobre viajes y literatura

  1. Fue un placer conocerte… Eres un gran conversador y viajero… Mucho éxito en el próximo destino y esperamos oir los cuentos…

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