Lago Titicaca: la corona de Perú


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Perú es asombroso. Tal vez su capital, Lima, y la majestuosidad de Machu Picchu son las principales referencias entre los que desean visitar este país. Pero al sur, justo sobre la frontera con Bolivia, emerge del paisaje una masa de agua incontenible, azul profunda, hermosa, amplia, serena, vasta, inolvidable… es Titicaca, el lago navegable más alto del planeta y el segundo más grande de Suramérica (el primero es el de Maracaibo). Un día sobre sus aguas fue suficiente para recordarlo para siempre. Pero primero hay que llegar a Puno, la ciudad que contiene el Lago. Puede hacerse desde Lima, en un viaje terrestre de ocho horas, aproximadamente. Así que llegamos muy temprano a esta ciudad, y de inmediato fuimos abordados por un local que nos ofreció decenas de paquetes turísticos para todos los gustos, disposición de tiempo y holgura de presupuesto. Por una combinación de las tres nos decidimos por un full day, y ya a las 7 de la mañana estábamos camino al puerto de la ciudad, donde tomaríamos la embarcación.

Descubrir el Titicaca

Abordamos una barca modesta junto con otros 40 turistas. El viaje fue normal durante una media hora, hasta que llegamos a la primera isla flotante de los Uros. Los Uros son una antigua comunidad indígena que aún mantiene sus tradiciones ancestrales. Ellos construyen islas artificiales partiendo de la “totora”, una planta cuya raíz flota en el agua. Así que atan muchas raíces, luego las echan al agua y sobre ellas ponen y superponen otras ramas hasta formar una superficie estable. Hay decenas de estas islas que se unen o separan de acuerdo a los intereses personales de los miembros de la comunidad. Allí nos recibió el presidente de la isla y nos explicó el modo de vida en el Lago. Los Uros habitan en reducidos espacios artificiales donde la existencia entera depende de esa planta con la cual no sólo fabrican el suelo flotante, sino también cocinan, comen, construyen sus casas, elaboran artesanía, etcétera. Tras la exposición, cada familia tendió ante nosotros sus tapetes repletos de coloridos zarcillos, collares, manteles, cuadros y mil atractivos más para los turistas. Esa es una de las formas como los Uros se sostienen económicamente.

Color, color, color

De nuevo en el Lago era sorprendente la belleza del agua y su combinación con el azul intenso del cielo y las hermosísimas formas de las nubes. Navegamos por dos horas y media en dirección a la isla Taquile, donde las comunidades habitan aún más apegados a sus tradiciones. Los hombres, desde los niños hasta los ancianos, visten de pantalón negro, camisa blanca, gorros multicolores y sandalias de cuero desvencijado por tanto y tanto caminar. Las mujeres van de falda, medias hasta la rodilla, mantas y ruanas colgadas sobre los hombros, adornos dorados y un cinturón en el que, mediante símbolos y dibujos, cada una cuenta la historia de su familia y la suya propia: dónde nació, cuántos animales tiene, cuándo se casó, dónde vive, qué hace, si tiene hijos, cuántos… Era increíble verlos en su vida cotidiana, sólo distinta por la mirada de un intruso. Las niñas se veían preciosas, como viejitas precoces, ataviadas con tan extravagantes vestimentas.

Gracias a la Virgen

Por fortuna nuestra, aquel día se celebraba en la isla una fiesta en honor a la Virgen de La Candelaria, entonces cada calle era un escenario, cada grupo un derroche de cultura, de música, de danza, de misticismo (la Virgen de La Candelaria es la patrona de Puno). Con emoción me acerqué a varios indígenas, ancianos que conversaban entre ellos animadamente, otros que tejían con paciencia piezas espectaculares o intercambiaban sus hojas de coca unos con otros (esta es una cortesía muy importante para ellos, incluso es una forma de saludarse y expresarse aprecio). Abordé a varios, pero lamentablemente sus palabras me resultaban ininteligibles. Con ninguno pude mantener una charla coherente de por lo menos un minuto. El tiempo siempre falta en estos viajes y uno debe regresar. Dejamos la isla Taquile al final de la tarde y volvimos a la embarcación todos maravillados por tan insólita experiencia. En el horizonte, extendido y azul, el Lago Titicaca parecía el mismísimo océano. Y así, ante nuestra mirada, el sol se metió fresco y dorado entre aquellas aguas benditas…

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4 comentarios en “Lago Titicaca: la corona de Perú

  1. AL LEER LE DAN GANAS A UNO DE IR A CONOCER PERO CON TANTO DETALLE QUE NOS RELATA ES COMO ESTAR A TU LADO Y CONOCER EL LUGAR MUY LINDA MANERA DE TRANSMITIR TUS AVENTURAS, TUS VIAJES SIGUE ADELANTE CONTANDONOS CADA DETALLE DE TUS VIAJES, MUY LINDA FOTO, BUEN VIAJE!!!…

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  2. Muchas gracias Tania! Qué gentil eres con mi texto! Genial que hayamos viajado juntos entonces! Te prometo que a principios de la próxima semana publico otra crónica a ver si corro con la fortuna de que me vuelvas a acompañar! Te mando un fuerte abrazo desde el aeropuerto de Lima!!!

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